SOCIEDAD CIVIL Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

SOCIEDAD CIVIL Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

 

Abdiel A. Abrego

 

En Panamá, tal como en otros países hispanoamericanos la llamada sociedad civil ha arremetido de lleno con todos los medios a su disposición –que no son pocos-  en contra de lo que ellos llaman la “clase política”, acusándola de corrupta, obsoleta, ineficiente y responsabilizándola de cuanta calamidad ocurre.

 

El colofón de la audacia de esta sociedad civil fue exigir la destitución en pleno de la Corte Suprema de Justicia.  Obviamente no aportaron información sobre lo que vendría después, lo que dio lugar a ser tildados de anarquistas por sectores del a opinión publica.

 

Lamentablemente parte de las más latas autoridades del país padecen de un serio temor a los vituperios gratuitos  con que los voceros de esta sociedad civil  obsequian a las autoridades gubernamentales, demostrando una absoluta falta de correa –a veces de pantalones, machismo aparte-  que nos lleva a una especie de baile burdo: se avanza un paso, ante los plañidos de la sociedad civil se retroceden dos y así vamos.

 

El papel de la sociedad civil en una democracia civilizada es la de fiscal y vigilante de la actuación de los gobiernos. Debe mantener una crítica constante de la actuación de los poderes públicos,  pero nunca debe intentar reemplazarlos, arrogárselos  o sustituirlos. Pretender hacerlo es entronizar una dictadura civil dorada con barniz de civilidad.

 

El blanco más fácil para el dardo anarquista de la sociedad civil es la clase política, puesto que ella es la que da la cara y asume la responsabilidad del acontecer diario. El político debe presentar al electorado un plan o programa y adquiere con el electorado el compromiso de aliviar algunas de sus necesidades. Comoquiera que las n3ecesidades nunca terminan  pero el tiempo y el dinero si,  es casi imposible para un partido o candidato cumplir todo su programa de gobierno.

 

Pero el compromiso del político para con el pueblo existe,  éste puede pedirle cuentas cuando quiera. Y existen responsabilidades legales que asume el político en su momento.  Sin embargo los representantes de la sociedad civil no poseen compromiso alguno con electores,  ni con partidos, ni con gremios. No están obligados a cumplir objetivos  y no le rinden cuentas a nadie.

 

Tenemos entonces que la clase política tiene ante la sociedad la responsabilidad por todo el acontecer durante sus periodos en el gobierno, la que no comparte con nadie. La sociedad civil en cambio no tiene ninguna responsabilidad social, y por ende ningún derecho a cogobernar. Su papel de crítica es el que se requiere que cumpla. Si lo abandona para dedicarse a la política, que acepte las reglas del juego: Sométase al veredicto del electorado.

 

El que un gobernante les tema  prepara el terreno para que el próximo los ignore o los reprima. No abusen.

 

 

NEUTRALIDAD O GUERRA?

 

¡NEUTRALIDAD O GUERRA?

 

 

El pueblo panameño es un pueblo sin vocaciones guerreristas.  Tal vez por falta de una cohesión  espiritual nacional,  tal vez por  la acomodaticia situación de protectorado que vivimos desde nuestra separación de Colombia, o tal vez porque simplemente  no tenemos por qué pelear.

 

Aceptamos vivir bajo “el paraguas del pentágono” para garantizar la seguridad y defensa del canal. Léase bien: “del canal”, nunca la seguridad y defensa del pueblo panameño.  Este aspecto que es clarísimo para los estadounidenses ha sido mal interpretado por algunos panameños.

 

Ni bajo los tratados actuales ni bajo los anteriores los Estados Unidos de América ha tenido la responsabilidad de proteger la integridad territorial de la República de Panamá.  Tal vez el único tratado ligado a Estados Unidos que lo vincula a esa protección es el Interamericano de Asistencia Recíproca.

 

Los acontecimientos continentales y mundiales se han llenado de escaladas belicistas. Irak, Corea del Norte, Colombia, Venezuela, APRA citar ejemplos. Panamá no es ajena a los fragores. Su posición y su canal la hacen codiciable y vulnerable.

 

Nuestros gobernantes siempre han sido guerreros.  Nuestra república ha participado como contendiente en las dos guerras mundiales, y desde aquí se han condenado gobiernos y roto relaciones con países hermanos. Recordemos que en 1918 declaramos la guerra a media Europa y que en 1941 derrocamos  al  presidente Arias por negarse a  tomar partido en la conflagración mundial,  y luego declaramos la guerra a Alemania, Italia y Japón al mismo tiempo.

 

Todas esas bufonadas belicistas de nuestros gobernantes se hicieron contando con la protección del  ejército norteamericano, pues  no había forma de combatir a ninguno de esos países.  Pero se declaró la guerra en solidaridad  con - o por imposición de - Estado Unidos.  También en solidaridad con ellos rompimos relaciones con Cuba y hemos dejado de tenerla con otro número plural de países.

 

La pregunta es ¿qué pasará ahora si Estados Unidos ataca Iràn?, ¿o si ataca Colombia o Venezuela?, ¿Nos recordarán nuestro deber de “solidaridad”  o simplemente entrarán y se establecerán aquí? No podemos invocar la neutralidad por dos razones: Jamás hemos sido neutrales y la neutralidad la inventaron ellos.  Reflexionemos y estemos preparados.

 

 

 

 

 

TERRORISMO VS.CIVILIZACIÒN

Terrorismo vs. Civilización.

 

Los Estados Unidos han atacado Irak.  La causa, real o presunta, es la guerra contra el terrorismo. Según los norteamericanos Irak es una estado terrorista, luego hay que atacarlo. Así acabaremos el terrorismo. ¿…?

 

Es imposible saber dónde está el terrorismo o  a quién podemos calificar de terrorista, pero sí  qué acciones constituyen terrorismo.  No podemos caer en el cliché  o estereotipo de que el terrorista es un islámico con un trapo alrededor de la cabeza. O de que terrorista sea todo aquel que se opone justa y razonablemente a los intereses políticos establecidos.

 

A mi modo de ver el terrorista es un depredador de la humanidad, nacido dentro de ella como una mutación destructiva y degenerativa.  Es un enemigo de toda la humanidad, un destructor cuyo su instinto primordial es matar, cuyo único placer es infligir muerte y dolor.

 

Tales depredadores existen en todos los países y en todas las organizaciones.  Los encontramos en las iglesias y los ejércitos, en las democracias y en las dictaduras, en las izquierdas y las derechas, en las altas y bajas esferas, en fin en cualquier lugar. La  mejor forma de identificarlos es por su afición a  torturar y matar.

 

Estos depredadores ponen bombas en aviones civiles y en cafeterías,  del mismo modo en que quemaban gente en las hogueras y cortaban cabezas con la guillotina,  sin olvidarnos de los que masacraron campesinos  en nombre de ideologías absurdas  en Europa y en oriente, y de aquellos que exterminaron razas aborígenes en todos los continentes.

 

Este depredador  llamado terrorista viste diferentes ropajes, pero se siente más cómodo con los que le permiten dar rienda suelta a sus desviaciones, que son aquellos aptos para utilizar la fuerza y las armas, en nombre de cualquier creencia, entre más absurda mejor.

 

El terrorista no es en su intimidad  fanático político, ni fanático religioso, ni nada parecido. Su único interés es exterminar por el mero placer de hacerlo. Nació con esa desviación y no puede apartarse de ella.  Puede ocupar  tronos o presidencias, papados o imanías, foros o trincheras, pero donde quiera que llegue tratará de matar y de hacer que otros maten, ya sea sin  justificación o en nombre de cualquier  creencia de pacotilla.

 

Apoyamos toda actividad adversa al terrorismo.  Pero no debemos caer en el absurdo de convertirnos en terroristas so pretexto de combatir el terrorismo.

 

Clasificar un estado como terrorista es un contrasentido.  Y es lo que hacemos  al atacar todo un país. Los terroristas son enemigos  de los pueblos,  porque su cometido es exterminarlos,   aunque lleguen a ser sus gobernantes.

No hay fronteras entre el terrorismo  y  la civilización. El terrorista necesita de la civilización y sus instituciones para protegerse y al mismo tiempo atacarla. La fortaleza del terrorista es la debilidad de la civilización.  Los civilizados no exterminan seres humanos, y esa es la diferencia que  favorece a esos.

 

Del petróleo hablaremos en otra ocasión.

 

Abdiel Algis Ábrego

Universidad de Panamá

a-abrego@justice.com

 

 

 

 

 

 

 

 

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